Dayan siempre le pareció un bonito nombre. Siempre quiso tener una niña, y tenía bien claro que se llamaría Dayan. Claudia siempre fue muy maternal, con sus grandes rizos rojos y sus ojos verdes siempre conquistaba a los niños. Con aquellos ojos llenos de amor y tristeza. Siempre quiso una pequeña criatura salida de sí misma, porder dar vida y llenar dicha vida de amor. Claudia amaba el amor, amaba la vida hasta que se le fue negada la posibilidad de dar vida. Cuando aquel amor se lo arrebató odió la vida, odió su vida. Claudia lloraba cada vez que veía un pequeño bebé y le dolía el corazón cuando de reprente sin previo aviso cruzaba su mirada con un par de esos ojos inocentes.
Claudia siempre quiso poder dar su amor a su hija, que no nació, llamada Dayan, y por ello el día que se quito la vida únicamente le escribió una carta a su inexistente hija amada.

¿Por qué muerte? ¿Por qué así, con esa espina clavada?
ResponderSuprimirTal vez, la hora de que Dayan llegara el mundo aún no había llegado...
¿Por qué marcharse?
Me puso triste el relato y la presencia de una muerte prematura. Pero me parece hermoso.
Un beso ^^
un poco nostalgico y con sinsabor... pero esa es la expresion del sentimiento. Hoy te dejo un detalle para tu blog si deseas tomalo en http://divanycatarsis.blogspot.com Un espacio para el sentimiento. Un abrazo.
ResponderSuprimirQue triste...Mucho dolor.
ResponderSuprimirAquella mujer de rizos rojos y ojos verdes, no se dió cuenta de que había formas distintas de amar, desaprovechó lo que pudo dar y de... quizás no una Dayan salida de sí misma, pero quizás sí la de un alma perdida a la que podría haber nombrado igual.
ResponderSuprimirHermoso. Doloroso que algo pueda ser tan bello.
Un saludo!!
Dios mío... Qué bello mini-relato :') En pocas palabras se expresa la felicidad de una persona que aspira a ser madre, para luego hacernos caer en la tristeza que absorbe a Claudia... Es muy emotivo y expresa bien lo que sienten aquellas personas que no pueden tener hijos...
ResponderSuprimirUn buen trabajo :)